En los últimos años, el mundo ha dado un giro de 180 grados y el periodismo lo ha dado con él.

Si hablamos de periodismo, debemos añadir la muletilla -las palabras se han quedado cojas- “digital”.

Sí señores, el periodismo “turrón” -puro y duro- ha muerto. Murió hace años, pero muchos siguen pensando que no. Lo contrario que ocurre con Paul McCartney, ya saben, el mundo al revés.

La era digital, el periodismo 3.0, -encuentros en la tercera fase- es una realidad. Las noticias vuelan, no las trae la cigüeña, las trae un pájaro azul #hashtag nuestras vidas.

Como diría un viral “la que has liao pollito”.

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Nos despertamos más conectados de lo que nos acostamos. Al despertar nuestro cerebro tiene 5 nuevas notificaciones, 2 mensajes privados y una solicitud de amistad pendiente.

¿Qué valor tienen las noticias? ¿Lo único que queda de ello es una conocida marca de chocolates? La respuesta es no. El valor es la dignidad de una noticia, es lo último que se pierde.

Si bien es sabido, la tendencia de la población respecto a la forma de consumir periodismo está cambiando: el “Times Lane”, a las órdenes de Zuckerbergg, es el periódico más vendido. No tendrá su versión física jamás. Su actualización constante haría gritar “¡que no paren nunca rotativas!”.

Somos consumidores de una nueva droga, el RSL: retuits, shares, likes.

 

Pero no todos son malas noticias. Las personas necesitan información, empaparse de información, y por suerte, tenemos una lluvia constante de noticias. ENTER

 

periodismo digital  agencia b12

 

Hay un pero. Necesitamos expresarnos, dar nuestra opinión de todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

Llevamos cosidos a nuestras chaquetas los botones “me gusta, me encanta, no me gusta”.

En este último caso, podríamos llamarlo “periODIOsmo”.

 

 

 

 

 

Disculpen este vacío, estaba tuiteando.

Disculpen este vacío, estaba informando.