En todo el mundo causa sensación la forma en que los mexicanos conmemoramos a nuestros difuntos los días 1 y 2 de noviembre. Las ofrendas, altares, el pan de muerto y toda la parafernalia de esa celebración son reconocidas por su legado cultural e impacto estético, pero existen otros elementos que aportan valor al contenido de estas temporadas y queremos hablarte de ellos: las calaveras literarias y las catrinas. En verdad muero de ganas por contarte en qué consisten estas representaciones populares.

¿Qué son las calaveras literarias?

También llamadas calaveritas o calaveras de Día de Muertos, son composiciones en verso que hacen alusión a personajes y situaciones de cualquier tipo, pero donde se hace referencia a la muerte hipotética de los involucrados de manera chusca, satírica o irónica. Es decir, arremedan los epitafios formales pero con un sentido puramente crítico y burlón.

Este tipo de creaciones literarias surgieron en el México del siglo XIX como medio de expresión contestatario, pues a través de ellas se criticaba al gobierno y el estilo de vida aristocrático de la clase política. Su producción fue censurada, perseguida e incluso trató se ser erradicada durante los gobiernos pre y post independentistas. Para nuestra fortuna, el humor ante el infortunio también es parte de la cosmogonía ancestral mexicana y por ello han prevalecido tan exitosamente.

Calavera literaria en un diario antiguo

¿De dónde surgió la catrina?

Se dice que las primeras calaveras literarias fueron publicadas en 1879, en el periódico El Socialista, de Guadalajara, Jalisco. Otras versiones dan fe de su existencia desde los tiempos de las hojas volantes, uno de los antecedentes de los periódicos tradicionales. Nos quedamos con la conjetura de que al iniciar el siglo XX ya eran toda una tradición consolidada.

Su redacción era sencilla, alegre y se recurría al lenguaje popular. Originalmente, eran acompañadas por dibujos de esqueletos que retrataban a personas destacadas a las que se hacía referencia. Constantino Escalante, Santiago Hernández y Manuel Manilla son algunos de los caricaturistas que históricamente han recibido el crédito, aunque por el temor a las represalias, muchos trabajos se firmaban de forma anónima.

Aquí fue donde nació otro elemento distintivo de la celebración del Día de Muertos en México: La Calavera Garbancera, mejor conocida como La Catrina. Esta figura fue creada por el artista plástico José Guadalupe Posada y rebautizada por el muralista Diego Rivera, quien incluso la utilizó dentro de su famosa obra Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central.

La catrina aparece en mural de Diego Rivera

En este caso, la palabra garbancera es la clave para comprender su sentido original. En aquel contexto, muchas personas se hicieron de pequeñas fortunas al sembrar y comerciar con el garbanzo, quienes a pesar de sus rasgos y ascendencia indígena, renegaban de los mismos para encajar con la clase dominante aparentando ser de sangre española o francesa. Algo así como lo que hoy identificamos como “nuevos ricos”. Tristemente, la vergüenza y la discriminación racial fueron determinantes para el surgimiento de las catrinas.

Para los creadores del personaje la muerte era pareja: lo mismo se lleva al rico y al pobre, al blanco y al moreno. Al final de cuentas todos somos carne y hueso; sin importar ornamentos ni fortunas, cada uno de nosotros terminamos siendo esqueletos que iremos a dar a una tumba.

La otra palabra clave para su concepción es el catrín, como se le llamaba a los ricos con cierto tono despectivo. Por ello las catrinas suelen ser revestidas con sombreros y adornos ostentosos. En resumen, representan a los arribistas que reniegan de su condición para agradar a quienes consideran superiores, siendo la consigna burlarse de ellos en vida y hasta el más allá.

Catrinas

Con el tiempo se han usado las calaveras literarias con otros fines menos profundos. Actualmente, se toman como mero ejercicio creativo para mantener vivo un aspecto de la cultura nacional. Es común encontrarlas a manera de homenaje, ya sin el talante satírico, e incluso como muestra de cariño. Una tarea clásica en las escuelas de educación básica es dedicarle una calaverita al maestro que tanto hace sufrir con tareas y regaños.

Y ahora como despedida, un breve homenaje para el equipo de Agencia B12 México:

Noviembre de 2016 era el mes que corría

cuando la muerte se paseó por nuestra oficina.

Que felices marketeros, pensó la vieja parca,

y como si nada cortó cabezas y clavó varias estacas.

 

La huesuda empezó de arriba hacia abajo

y a Paolo Boni estranguló sin gran trabajo.

Después fue por la cabeza de Sofía Espinosa,

mientras a Noé Luna y Carolina Ramírez arrojó en una fosa.

 

Su sadismo no tuvo comparación,

y desolló a Mariana y a Ohtokani de redacción.

A la diseñadora Sandra le chupó el alma

y a la community manager Yeni la mató en la cama.

 

Destrozó el pescuezo de Emmanuel de afiliación

y al ejecutivo Ricardo lo atropelló con un camión.

Distrajo con reportes a Diego y a Cano,

pero a los dos les arrancó el corazón con una mano.

 

Se enteró que Roberto venía a tomar el mando

pero no le dio tiempo y lo mató dándose un baño.

A David lo encontró en el call center

y con un golpe su guadaña le dio muerte.

 

Conociendo mi debilidad, me invitó a tomar cerveza,

sólo me pidió escribir este verso antes de cortar mi cabeza.

Al despedirse dejó dicho que en México a nadie extraña

y que esta misma noche cortaría cabezas allá en España.

Calaveras Agencia B12 México